¡Tonga, tonga, tonga!

“¡Tonga, tonga, tonga!”. Esto es lo que me dice Kolwani, el sacerdote local con el que vivo, cuando pasa por delante de mi habitación y me ve estudiando, traduciendo o leyendo tonga, una de las lenguas bantúes que se hablan en Zimbabue. Sin duda alguna, el estudio de esta lengua me ha ocupado el primer año de mi estancia en Binga, y aún gran parte del segundo año. Ha sido un año de pelearme, chocarme contra este lengua. Ahora estoy empezando a hablar un poquito y a escribir las homilías en tonga; y el oído -jamás pensé yo que esto pasaría- se ha empezado a abrir.

El diccionario tonga-inglés y una gramática de tonga han sido algunas de mis herramientas de trabajo del primer año para iniciarme en el tonga.

Y es que la lengua es uno de los accesos a una cultura. En efecto, la lengua materna de cada cual es una herramienta privilegiada, no la única, para la comunicación y para valernos dentro de una cultura. La empleamos continuamente para expresarnos, para recibir datos, para interactuar con la gente. Estamos tan habituados a ella, o mejor, estamos tan configurados con ella que no nos damos cuenta de la lógica interna de la misma, de sus razones… En este sentido casi podría decir que somos lo que hablamos, entendedme bien.

Pero ¿qué pasa cuando tienes que aprender una lengua que no es la tuya? Pues pasa lo que tiene que pasar, que te das cuenta de que cada lengua tiene una lógica diferente y, por lo tanto, también influye de modo distinto a la hora de definir la realidad. Es más, la propia cultura e historia queda reflejada en la manera de hablar.

Y así, ves que algunas cosas que puedes decir en español no existen en tonga, o están tomados del inglés, o hay que dar un rodeo enorme. Y ello puede ser porque no tienen ese concepto, ya que es una lengua eminentemente práctica y muchos conceptos que manejamos en español son muy abstractos. Asimismo, te das cuenta de que en tonga con una única palabra se designa muchos conceptos que en español son diferentes…

El caso es que el acceso a una cultura, ahora concretamente la tonga, se da, en gran medida aunque no sólo, por el conocimiento de la lengua. Por eso, me parece interesante, o al menos curioso, recoger algunas de estas palabras tongas que, para mí, son una pequeña ventana hacia una cultura totalmente nueva.

Testigo en Zimbabue

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