Navidad en carne propia

Navidad. Del latín “Nativitas”, nacimiento. Cuando en estos días decimos “Feliz Navidad” estamos diciendo “Feliz nacimiento”. ¿De qué o de quién? En este caso, de Jesús, Hijo de Dios. Al menos, así lo creemos los cristianos. Sí, creemos que Dios se hizo un hombre como nosotros, experimentando y compartiendo nuestra vida.

Ya os hablé de Raphael Denzel, ahora ya con unas semanas más. Sin duda alguna, podría ser un Jesusito de los que ponemos en Navidad en nuestras casas, pero para mí, este bebé es también un recuerdo de lo que supone nacer y empezar a vivir de cero.

Para ello tuvo que empezar de cero, siendo un bebé, luego un niño, luego un adolescente, luego un adulto. Y claro, tuvo de pasar por la aventura de caerse y levantarse unas cuantas veces hasta que aprendió a andar. Y tuvo primeramente que balbucear unos sonidos guturales, luego palabras sueltas, después frases cortas… hasta que al final logró poder mantener una conversación. Y tuvo que aprender qué cosas se podían o no hacer, o cuáles eran peligrosas, o qué cosas eran pupa…Y tuvo que salir más allá de sí mismo, de su papá y de su mamá, y conocer a otros niños y otras personas… Y así podríamos seguir con una laaaaarga lista.

Es decir, tuvo que aprender todo para ser una persona en un momento y un lugar determinados: con su cultura, geografía, política, religión… Vamos, lo mismo que hemos hecho el resto del mundo, sin excepción. Este proceso tan universal, por ser humano, se nos olvida, o al menos perdemos la conciencia del mismo porque lo hemos realizado de modo natural, y no nos damos cuenta de lo que supone aprender todo desde cero (a menos que alguien esté pasando o haya pasado por una paternidad reciente). Por la misma razón, a menudo tampoco nos damos cuenta de lo que implica la Navidad, es decir, el nacimiento de Jesús y todo lo que conlleva hacerse persona desde cero.

Sin embargo, puedo afirmar sin querer pecar de orgullo, que desde que llegué a Zimbabue soy un poquito más consciente de lo que significa eso de la Navidad, eso de nacer y crecer (otra cosa es que luego la vivencia no esté siempre a la misma altura de la teoría, pero por algo se empieza). Digo que puedo afirmarlo porque, al igual que Jesús, yo también he vivido y estoy viviendo una Navidad en carne propia.

En efecto, esto de ser testigo en un país que no es el tuyo me ha obligado a empezar de cero en todos los sentidos. Lo más básico, la lengua: aprender tonga es la llave, no la única, para relacionarte con los demás. Aún ando como quien dice, hablando como los indios: “Yo querer que tú venir” y cosas por el estilo; y, por supuesto, entendiendo un tanto por ciento pequeñísimo de lo que hablan: “Más despacio, por favor” y me lo repiten otra vez… El caso es que uno llega a un país que no sabía siquiera ni dónde estaba en el mapa y, después de haber visitado unos cuantos sitios de España y de Europa moviéndome con total independencia, resulta tengo que aprender a moverme de nuevo. Por ejemplo, saber que los autobuses salen cuando se llenan y no antes y que, salvo rara excepción, nunca sabes a qué hora vas a llegar o cuántas paradas va a haber. O aprender de nuevo modales y lo que se considera educado y lo que no, o lo socialmente admitido o rechazado. O lo que espera la gente de mí como cura, bueno, como misionero blanco (que es a menudo pensar que soy la Reserva Federal de Zimbabue), que no siempre es lo mismo que lo que la gente espera de mí como cura en España…

Por eso, aunque a veces me pueda rebelar y patalear ante el hecho de empezar de nuevo, creo que, en el fondo, es una suerte, ya que me hace valorar todo lo que soy y he recibido, y al tiempo me hace caer en la cuenta de la grandeza de un Dios que ha querido aprehender nuestra realidad y empezar de cero. La Navidad es todo un desafío y como tal, duro y apasionante a un tiempo, a veces doloroso pero esperanzador, como la vida misma, como mi propia vida, que está experimentando un nacimiento nuevo, una Navidad nueva, una Navidad en carne propia.

Testigo en Zimbabue

Si lo prefieres, también puedes escuchar el post: https://www.facebook.com/leoperilla?pnref=story

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