Navidad de café, copa y puro

Café, copa y puro. Así recuerdo yo, años atrás, que ponía en el anuncio de muchos menús, dando a entender que al menú no le faltaba nada, al y menos nada de lo que uno pudiera esperar por entonces (no sé si ahora lo del puro sería políticamente correcto). Y así podría tildar la Nochebuena y, por extensión, cualquier celebración religiosa en condiciones de una comunidad cristiana en el ámbito rural de los tongas.

Como buena Nochebuena, valga la redundancia, hay una misa del gallo. Ésta es en la capilla de Manjolo 1 y allí acuden los cristianos de diferentes centros, andando varios kilómetros (por si alguien lo duda, andar es parte de la dinámica africana, aunque sea por necesidad). Hace calor, más bien bochorno, y amenaza lluvia, pero al final nos libramos.

Iglesia de Manjolo 1, donde celebré la pasada Nochebuena.

La misa es, cómo no, cuando llega la gente. Nos adelantamos un poco a la medianoche, son las 19,30 horas para ser exactos (no sé los liturgistas qué dirían). En el mundo rural en Zimbabue, la vida existe desde la salida del sol hasta que se pone, luego ya viene la noche y “su silencio”; se cogen dos o tres linternas y otras tantas velas y ya está todo arreglado (aunque hay más oscuridad que luz). Las 19,30 horas, no es necesario esperar más, no es necesario esperar a que se haga más de noche; bueno, la verdad es que tampoco la gente lleva reloj como para saberlo, ni les importa mucho para ser honesto.

Y claro, la celebración no dura menos de dos horas. ¡Menudo tipo de celebración si así fuera! Para celebrar, lo que sea, nunca se tiene prisa; da igual que sea la Navidad, una boda o un entierro. No hay reloj. Pero lo que sí hay es mucha música; todo el mundo canta y baila. Da igual que uno sea un niño de 2 años o una abuela de 72; todo el mundo pone su cuerpo al servicio de la música y de Dios (bueeeno, siempre hay alguno que es algo más perezoso, pero son excepciones).

Y como suele decirse, de la misa a la mesa. En la cultura tonga no se entiende una buena celebración si no hay comida. ¿Qué seríamos? Unas cien personas. Para todos cabra y para el líder de la comunidad, las dos monjas y el cura, pescado y una salsa de tomate. Junto a la carne y al pescado, la insima, pasta hecha con agua y maíz, y que es la alimentación básica de estos lares. Y por supuesto, se come en grupos. El líder de la comunidad, las monjas y el cura aparte. Los hombres en otro grupo, las mujeres en otro y los niños y jóvenes en el suyo. Para bien o para mal, todo está perfectamente jerarquizado. Todo el mundo sabe a qué grupo pertenece.

Se acaba la cena y se sigue con las competiciones de canciones que han preparado los diferentes centros, con un jurado en toda regla, que califican voz, confianza a la hora de cantar, vestido, coordinación (porque se baila a la vez que se canta, por supuesto) y no sé cuántas más cosas. Y entre centro y centro, cantamos y bailamos todos; es la manera habitual de expresarse. Y los que se cansan o tienen sueño, como algunos niños, se duermen en la iglesia y a correr. Nadie se hace problema; es lo normal.

Son las tres de la mañana y ya no está uno para estos trotes, o al menos servidor, y decide irse. Allí los dejo cantando y bailando, aunque ya ha decaído el ambiente, pero estarán hasta que salga el sol, acabando con leyendo la Palabra y Dios y rezando, y por supuesto, cantando y bailando. En el camino de vuelta voy dejando a la gente, como si de un chofer de autobús se tratara, en diferentes paradas de buses a veces medio imaginarias, porque sólo queda el poste de la señal, o es un árbol, o una piedra. Son las 4,30 horas cuando me meto en la cama, cansado pero contento por la experiencia.

En medio del calor, y sin la blancura de la nieve; con la sencillez, la austeridad y la oscuridad del bosque, sin luces ni tiendas que nos “recuerden” que es Navidad, sin comilonas hasta explotar, uno puede celebrar la Navidad perfectamente. No ha faltado de nada, ha sido una Navidad de café, copa y puro. Quizá mejor, porque he tenido que centrarme en lo esencial, esto es, Dios Niño que nace, y todos nosotros por quienes lo hace.

Testigo en Zimbabue

Un pensamiento en “Navidad de café, copa y puro

  1. Hay muchas cosas de la que tendríamos que aprender de esta gente. Las prisas nos roban la vida mucha veces, otras parece que si no tenemos “café, copa y puro” (pero de los de verdad), no podemos ser felices. Sigue disfrutando, se nota que lo estás haciendo.

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