Kulindila: sé paciente y espérame

Cuando tienes que empezar de cero en una cultura totalmente distinta a la tuya de origen hay una palabra que está en el top de las palabras que aparecen continuamente en tu vida en ese momento, ya sea porque te la repites tú continuamente ya porque te la dicen los demás. Esa palabra es “paciencia”. Paciencia para aprender, paciencia para escuchar, paciencia para entender… Paciencia para todo. Pero es que soy muy impaciente. Y la gente me dice: “Padre, tiene que ser más paciente, todo llegará… Poco a poco”. “Ya, pero es que yo quiero que sea ya”, les respondo.

Ésta es la comunidad de Chininga, que tuvo conmigo toooooda la paciencia del mundo conmigo y supo esperarme, adaptarse a mi ritmo y mis necesidades.

Aún recuerdo cuando, hace unos meses, estuve en Chininga viviendo acogido por una familia para aprender, además de tonga, algo de sus costumbres y cultura. La verdad es que no sólo fue la familia sino toda la comunidad de católicos (y no católicos) que estaban por allí los que me acogieron. Siempre con múltiples detalles: repitiéndome las cosas todas las veces que hiciera falta, mostrando gran comprensión cuando metía la pata si a lo mejor hacía algo que no era propio… Todos mostraron gran paciencia conmigo.

El último día hicieron una fiesta de despedida en mi honor y decidí escribir unas palabras de acción de gracias con mi pobre tonga, entonces más pobre aún que ahora. Yo quería agradecerles todo lo pacientes que habían sido conmigo, pero no sabía cómo se decía en tonga “ser paciente”. Total, que pregunté, y una de la maneras, según los contextos, es “kulindila”. Cuál fue mi sorpresa al ver después en el diccionario que tenía en casa que “kulindila”, literalmente significa “esperar por”, que es, seguramente la acepción primera de este término.

Así pues, cuando yo les di las gracias a la gente de Chininga por haber tenido tanta paciencia conmigo, les estaba dando las gracias porque me habían esperado. Realmente me resulta sugerente que estas dos ideas, ser paciente y esperar por alguien, se encuentren resumidas en un solo concepto, “kulindila”. Y francamente, creo que es un acierto, ya que ser paciente conlleva una espera; no puede ser de otra manera.

Es como el padre, o la madre, que lleva al hijo pequeño de la mano, y éste, no pudiendo seguir sus pasos, se queda para atrás, se para, tira de la mano de su progenitor… Y éste, como sabe que la criatura no puede ir tan rápida, aminora el paso, en ocasiones se para… lo que sea, para que los dos puedan ir juntos.

Me parece que ésta es una bonita palabra que puede usarse y ponerse en práctica en diferentes campos en la vida. El primero y, a lo mejor, el más importante, es la vida de uno mismo. Qué difícil es esperarse a uno mismo, respetar el ritmo que uno tiene, y no el que le marcan los demás, ser paciente con los propios limitaciones y errores… Pero imaginemos también un sistema educativo en donde el maestro observa el punto de partida de cada cual y desde ahí, con mucha paciencia, trabaja para ayudarle a dar el máximo. O llevado al ámbito de la Iglesia: una evangelización donde, antes de anatemizar a nadie, nos ponemos en su lugar, escuchamos, comprendemos, esperamos y caminamos a su lado. Es decir, procesos personales y no proyectos… Todo esto es paciencia y espera por alguien o, lo que es lo mismo, “kulindila”.

Testigo en Zimbabue

Y para quien prefiera escuchar mejor la entrada del post, aquí os la dejo: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10209596654212279&id=1205878407

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