Soñando con los ojos abiertos

Dentro de poco se van a cumplir dos años desde que llegué a Zimbabue. Parece que fue ayer y sin embargo dos años son mucho tiempo cuando uno inicia una experiencia como la mía de intentar ser testigo del Evangelio en una cultura totalmente diferente a la tuya,  y ser testigo también con mis sentidos del paso de Dios por estas latitudes. Dos años dan para mucho. Justo ahora es cuando voy a tener vacaciones y creo que es bueno aprovechar este “tiempo de descanso” para hacer un balance sobre el sueño que tenía antes de venir y lo que queda de él.

Entre el primer Leo, al poco de llegar a Binga, y el segundo Leo, hace un mes largo, han pasado casi dos años. Hay muchas cosas en común, al menos en lo exterior, pero ¿siguen igual la mente y el corazón?

Sin duda alguna, a menudo la misión se ve muy romántica desde España y Occidente en general: un mundo ideal donde todos, aunque sean pobres, son muy buenos y comparten lo poco que tienen, un mundo donde uno es feliz casi sin hacer nada, un mundo lleno de sonrisas de niños y manos tendidas hacia las tuyas… Y todo ese tipo de imágenes que recorren a menudo nuestro imaginario colectivo misionero, y que yo también tenía en mi mente cuando estaba en Salamanca.

Sin embargo, al llegar aquí se das cuenta de que toda esa estampa misionera, ese sueño misionero se hace añicos en mayor o menos medida. Y resulta que, aunque la gente es muy buena (al menos conmigo lo ha sido), ves que también hay gente corrupta, egoísta, violenta… Observas que no todos los niños sonríen, sino que también lloran, porque están enfermos o tristes… o también se pelean y se insultan entre ellos… Descubres que la Iglesia local adolece de más carácter profético o de muchas cosas que tú consideras importantes (igual que en Salamanca otras, ojo). Te das cuenta de que los misioneros y los curas locales que tienes como compañeros no son tampoco tan ideales como tú habías soñado, sino que unos buscan poder, otros dinero… Finalmente, te sorprendes a ti mismo haciendo lo mismo que los compañeros a los que en ocasiones criticas, más débil que nunca y a menudo sin estar a la altura de las circunstancias, como persona y como testigo del Evangelio.

Al final, te das cuenta de que el corazón humano es igual en todos los lados, con sus grandezas, ideales, proyectos e ilusiones, pero también con sus pequeñeces, debilidades, fracasos y decepciones. En este mar de sentimientos, emociones y actitudes es donde me hallo ahora y es de donde tengo que continuar de aquí en adelante. Me toca pues volver a la llamada original, a las fuentes, al sueño que yo tenía y chequear qué queda de ello y cómo voy a luchar por conseguirlo.

Una cosa tengo clara, me toca amar esta realidad y este pueblo de Zimbabue tal como es, con sus cosas buenas y malas, si no, no pisaré tierra. Y así lo intento todos los días, aunque no es fácil. Esto no quita que la utopía sea también un motor que mueva mi vida y que me ayude a elevar la mirada y a creer en un mundo mejor, quizá no como yo había soñado, sino transformado, evolucionado, con posibilidades que yo no había imaginado o con impedimentos con los que yo no había contado.

Esta escultura de Auguste Rodin, llamada “El pensador”, siempre me ha fascinado: ese momento en el que uno, desnudo, sin nada ajeno a él, se para y mira a su interior, sin prisas, como ensimismado… Creo que refleja muy bien lo que puede ser hacer un parón en la vida para pensar, hacer balance, soñar…

¡Creo que es tan importante hacer un parón en la vida! Es esto de salir del bosque para ver el bosque y así situarnos nuevamente. Pararse en la vida… Los que creen que ya tienen todo conseguido, como los que estamos embarcados en nuevos proyectos vitales. Da igual tener pareja o estar solteros, ser hombre o mujer, jóvenes o viejos, en Zimbabue o en España… Parar y comprobar cuál es el norte de nuestra vida, no sea que ésta nos lleve por donde no queríamos y nos estemos lamentando continuamente. Parar y comprobar si los sueños que nos han movido hasta ahora siguen vivos o están mustios o incluso muertos. Parar y comprobar en definitiva si seguimos soñando, pero soñando con los ojos abiertos.

Testigo en Zimbabue

Para los que queráis escuchar el post: https://www.facebook.com/leoperilla

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s