Un viaje en el espacio y en el tiempo

Hace una semana larga que he vuelto a Zimbabue después de las vacaciones en España. ¡Qué bueno y qué sabio es desconectar y ver la realidad con perspectiva! Para valorar todo con mayor precisión y objetividad, dentro de lo que la capacidad humana permite. Sí, valorar tanto mi cultura, mi Iglesia… como las de Zimbabue. Desde luego estos dos años me han servido para apreciar más mis raíces y todo lo que he recibido en Salamanca -con todas las deficiencias de mi cultura de origen, ¡ojo!-, sin duda alguna. Pero también me doy cuenta de los aspectos positivos y limitaciones que ofrece la vida entre los tongas.

Como decía… Después de hacer esta valoración en España, habiendo tomado una sana distancia de Zimbabue y acomodado nuevamente al ritmo español, me vuelvo para acá. Y otra vez hacer maletas, las despedidas y las palabras de mi madre, mi familia y amigos que he escuchado más de una vez: “Si no estuvieras tan lejos…” Es verdad que el viaje son unos 10.000 kilómetros más o menos. Y también lo es que, hasta que llegué a casa fueron, entre unas cosas y otras, dos días y medio. Ahora, mi hermana vive en la provincia de Alicante y cuando va a Salamanca, en total, es casi un día…; en comparación, mucho más. Pero no es menos verdad que el viaje más importante, sin duda alguna, el que marca mayor distancia, es el viaje en el tiempo que supone venir a Zimbabue.

Este globo terráqueo que fue entregado en mi celebración de envío en mi diócesis Salamanca me recuerda lo lejos y lo cerca que estamos España y Zimbabue.

Me explico. Llegar a un país como Zimbabue supone, para un occidental, un viaje en el tiempo en donde uno puede ser testigo de situaciones que, o bien has estudiado o bien te han contado tus propios padres. No se trata ya de cuestiones materiales, como que no haya luz y agua en la mayoría de las casas. O que los muchísimos autobuses, porque no hay posibles en muchas ocasiones, sean como en “La ciudad no es para mí”, de Paco Martínez Soria. O que las pocas carreteras que hay sean de tierra o estén llenas de baches, como mucho tiempo atrás (o no tanto, quizá). O que la gente no se alimente como Dios manda, sino que dependa muy a menudo de la temporada de lluvias… Y así podríamos continuar con más ejemplos.

No se trata sólo de estas cosas, sino que este viaje en el tiempo me permite también ser testigo de una mentalidad que te parece increíble porque piensas que es de una época muy lejana. Pongamos por ejemplo el papel de la mujer como ama de casa y como aquélla que se encarga de tener hijos; por supuesto, en caso de que trabaje, sigue haciendo las tareas de la casa. O el creciente poder que tiene la Iglesia en todo el país y, unido a él, la autoridad, al menos exterior, que tenemos los curas y las monjas. O temas como la homosexualidad; al respecto, el presidente Robert Mugabe -desde 1980 en el poder, por cierto-, dijo que los hombres que participaran en ese tipo de prácticas merecían ser castrados.

Este viaje en el tiempo sí que es un viaje realmente grande. Ahora bien, uno podría pensar que la radiografía de este país es demasiado negra. Puede ser, pero el país es y está así. Sin embargo, la verdad es que la gente vive, y creo que más feliz, al respectivo, que en nuestra España querida. Con todas sus dificultades, sus sufrimientos y sus carencias. Y con sus ilusiones, proyectos y alegrías, claro está.

No obstante, no podemos ser tan ilusos de pensar que nosotros, los occidentales, lo tenemos todo, desde siempre y para siempre. Echemos la vista atrás tan sólo a los años cincuenta, o un poco antes, a los años 30, cuando fue rodado el documental “Las Hurdes, tierra sin pan” -aunque quizá Buñuel cargara algo las tintas-… No hace tanto tiempo.

Pero es que ni siquiera es necesario ir tan lejos en el tiempo. Quedémonos en la actualidad en España. ¿Quién sigue siendo la persona, en muchísimas ocasiones, que lleva el peso de la casa, trabaje o no fuera? La mujer. Sí, ya sabemos que se ha avanzado un poco, pero sólo un poco; como contrapartida, tienes que el nivel de machismo entre los adolescentes crece, y ves en las noticias que los móviles de algunas chicas son controlados por sus novios o parejas. Por otra parte, gracias a Dios, la Iglesia ha perdido gran parte de su poder, haciéndola más humilde; pero al mismo tiempo, muchos de los nuevos aires eclesiales en España -o, mejor dicho, eclesiásticos- vuelven la vista atrás por eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es verdad que en España los homosexuales pueden casarse, pero al mismo tiempo en los telediarios se habla de palizas a homosexuales por parte de grupos radicales. Y podríamos añadir más ejemplos, como el creciente miedo y odio a los inmigrantes, los pobres, los refugiados…

Lo peor de todo es que la gente está convencida de todas estas cosas. Eso es lo que, en el fondo nos iguala a tanto “atraso” que tiene esta “pobre gente”, con la diferencia de que esta “pobre gente” no ha conocido otra alternativa en la mayoría de los casos, y nosotros sí. Parece mentira, pero al final me doy cuenta de que este viaje en el espacio y en el tiempo, en este caso a Zimbabue, se puede hacer sin moverse uno lo más mínimo de España. Como decimos en español: para este viaje no hacían falta estas alforjas.

Testigo en Zimbabue

Para los que queráis escuchar el post: https://www.facebook.com/leoperilla

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