La misión es cuestión de CAFE

Estando en mis primeras vacaciones en España he tenido la suerte de pasar unos días en Misión Emmanuel, una casa de acogida para inmigrantes en Tres Cantos, Madrid. Aquí he compartido vida, fe, tiempo, risas, preocupaciones, ilusiones, decepciones, proyectos… con Dani, Lola, sus cinco hijos y otros “hijos adoptivos” procedentes de Camerún y de Nigeria.

Para Dani y Lola, Misión Emmanuel es un proyecto que nace de su experiencia de fe, que se sostiene en Dios y que apunta, en definitiva, más allá de lo que nuestros sentidos pueden captar tejas abajo. ¿Cómo ser un rostro amigo para aquel que cubre miles de kilómetros, arriesgando su vida, hasta llegar a Occidente? ¿Cómo ser capaces de acompañar personas y procesos que necesitan tiempo? ¿Cómo exigir a la vez que ser condescendientes cuando, en ocasiones, más que un encuentro hay un encontronazo cultural? Y así podríamos hacernos muchas preguntas.

img_1215-e1503179829597.jpg

Parte del grupo de inmigrantes de Misión Emmanuel, junto a Dani, uno de sus responsables. ¿Cómo hacer de Misión Emmanuel un espacio de amistad donde compartir vida?

Sigue leyendo

En el barro de la vida, la comunidad

Ahora estamos en la estación de lluvias en Zimbabue. Hace unos días pasé el fin de semana en Nagangala sustituyendo a Kolwani, el cura local que se encarga de esa parte de la misión y que ahora está de vacaciones. Era domingo por la mañana y en el desayuno Preacher, uno de los jóvenes de Nagangala, y yo estuvimos hablando de si ir o no Kalonga, y finalmente decidimos ir hasta un punto con el coche y luego ir andando tres kilómetros.

El caso es que acabamos la misa en Nagangala y nos fuimos para Kalonga, junto a Tamani y Never, otros dos cristianos de esa zona. En el camino, por estas cosas que no sabe uno por qué o por qué no, al final nos arriesgamos a intentar llegar con el coche. Habíamos atravesado varias zonas con mucho barro, patinando el coche… pero lo habíamos logrado gracias al cuatro por cuatro del coche. Estábamos a menos de un kilómetro y ante nuestros ojos aparece otro tramo más de barro, aparentemente no peor que los anteriores, incluso más fácil de cruzar. Y para allá seguimos en nuestro intento de superar todas las dificultades del camino. Pero hete aquí que, o bien por ser uno principiante en esto de conducir por barro (aunque ya he visto yo que a mis compañeros veteranos les sigue pasando), o bien porque tenía que pasar, nos quedamos atascados.

Aquí veis a Preacher, sonriente, y a Never, de espaldas, intentando ayudar a servidor, dentro del coche. La foto la tomó Tamani.

Sigue leyendo