Yo no quiero morir así 

Se llamaba Bathwrong. Sí, sí, como suena. Literalmente “baño incorrecto o equivocado”. No sé qué pasaría en torno a su nacimiento para que sus padres le pusieran ese nombre; o quizá fue un error por parte de la persona encargada de registro: “¿bathroom?” “¿Cuarto de baño?” En cualquiera de los casos no importa ahora.

Bathwrong tenía 12 años y lo conocí casi de casualidad en el hospital, mientras visitaba los pabellones. Como por desgracia pude comprobar después, me pareció un chico con VIH: muy delgado, extremadamente delgado, poca masa muscular, sin fuerza, ojos cansados… allí tumbado en la cama. Me acerqué a la cama unos segundos y le saludé tímidamente, sonriéndonos mutuamente. Ése fue mi único contacto con él.

Cama del hospital en la que conocí a Bathwrong.

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Un viaje en el espacio y en el tiempo

Hace una semana larga que he vuelto a Zimbabue después de las vacaciones en España. ¡Qué bueno y qué sabio es desconectar y ver la realidad con perspectiva! Para valorar todo con mayor precisión y objetividad, dentro de lo que la capacidad humana permite. Sí, valorar tanto mi cultura, mi Iglesia… como las de Zimbabue. Desde luego estos dos años me han servido para apreciar más mis raíces y todo lo que he recibido en Salamanca -con todas las deficiencias de mi cultura de origen, ¡ojo!-, sin duda alguna. Pero también me doy cuenta de los aspectos positivos y limitaciones que ofrece la vida entre los tongas.

Como decía… Después de hacer esta valoración en España, habiendo tomado una sana distancia de Zimbabue y acomodado nuevamente al ritmo español, me vuelvo para acá. Y otra vez hacer maletas, las despedidas y las palabras de mi madre, mi familia y amigos que he escuchado más de una vez: “Si no estuvieras tan lejos…” Es verdad que el viaje son unos 10.000 kilómetros más o menos. Y también lo es que, hasta que llegué a casa fueron, entre unas cosas y otras, dos días y medio. Ahora, mi hermana vive en la provincia de Alicante y cuando va a Salamanca, en total, es casi un día…; en comparación, mucho más. Pero no es menos verdad que el viaje más importante, sin duda alguna, el que marca mayor distancia, es el viaje en el tiempo que supone venir a Zimbabue.

Este globo terráqueo que fue entregado en mi celebración de envío en mi diócesis Salamanca me recuerda lo lejos y lo cerca que estamos España y Zimbabue.

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Aaron 

Éste es Aaron, uno de nuestros cristianos de Binga. Ayer fue conmigo a las comunidades del bosque. Sin duda alguna éste es uno de los pobres de Yayveh: pobre hasta caerse muerto, siempre descalzo, a veces oliendo mal porque no puede lavarse. Con una discapacidad motora en parte de su cuerpo y también intelectual, aunque sea mínima. Sin embargo es la bondad personificada y un creyente como un camión, de esos como la viuda del Evangelio. Sin duda alguna es una bienaventuranza andante y yo pude estar con él.