Aaron 

Éste es Aaron, uno de nuestros cristianos de Binga. Ayer fue conmigo a las comunidades del bosque. Sin duda alguna éste es uno de los pobres de Yayveh: pobre hasta caerse muerto, siempre descalzo, a veces oliendo mal porque no puede lavarse. Con una discapacidad motora en parte de su cuerpo y también intelectual, aunque sea mínima. Sin embargo es la bondad personificada y un creyente como un camión, de esos como la viuda del Evangelio. Sin duda alguna es una bienaventuranza andante y yo pude estar con él.


 

La cara de Dios

Ante unas palabras de Jesús que huelen a despedida (eso de que se va al Padre) surge la más que evidente inquietud, incomprensión y tristeza entre los discípulos. Le dice Felipe: “Señor, muéstranos al Padre” (Jn 14, 8). Todos los hombres en alguna ocasión hemos tenido esta sensación de orfandad, de quedarnos abandonados, sentirnos impotentes… ante un mundo donde en ocasiones parece que no existiera nada más que oscuridad, en un mundo donde parece que no haya lugar para la esperanza, en un mundo donde nos ahogamos tan fácilmente en nuestras pobrezas, miserias y pequeñeces… En esos momentos entonces, ver la cara de Dios, cual se ve una foto del ser amado, es experimentar su consuelo, su ternura, su quietud…

La cara de Dios… ¿Dónde encontrarla? ¿Cómo descubrir el rostro de Dios a nuestro alrededor?¿Dónde buscar a Dios en esta realidad a veces tan sin futuro?  ¿Qué rastros tenemos de Él en el pequeño mundo en el que cada cual vive? No es una pregunta fácil, sin duda alguna. La petición de Felipe se las trae, sin que lo pretendiera.

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