Mipululu o el ulular vital

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “ulular” significa “dar gritos o alaridos”. Esta definición, aunque es técnicamente correcta, se me antoja un poco pobre, con todos los respetos a los señores que forman dicha institución. Lo digo porque le falta un matiz que le viene dado por los sentimientos. Mirad, en algunas culturas, entre ellas muchísimas africanas, las mujeres tienen la costumbre de ulular en momentos especiales, ya sean de dolor como un funeral, o de alegría, como en concreto hacen los tongas. Por ejemplo, en una boda, en la bienvenida a alguien, o cantando un himno de alabanza en una celebración.

Buscando en internet, he encontrado mejor descrito lo que yo quería expresar. “Ulular” es un sonido vocal agudo, largo, vacilante, parecido a un aullido o un gorjeo. Se produce por la emisión de una voz aguda acompañada con un movimiento rápido de lado a lado o hacia detrás y delante de la lengua de la boca. Añado yo, a veces se acompaña este sonido con una o las dos manos, algo similar a como cuando éramos niños y jugábamos a imitar a los indios.

El típico movimiento de la lengua de un lado para el otro cuando una mujer ulula.

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Aaron 

Éste es Aaron, uno de nuestros cristianos de Binga. Ayer fue conmigo a las comunidades del bosque. Sin duda alguna éste es uno de los pobres de Yayveh: pobre hasta caerse muerto, siempre descalzo, a veces oliendo mal porque no puede lavarse. Con una discapacidad motora en parte de su cuerpo y también intelectual, aunque sea mínima. Sin embargo es la bondad personificada y un creyente como un camión, de esos como la viuda del Evangelio. Sin duda alguna es una bienaventuranza andante y yo pude estar con él.


 

La cara de Dios

Ante unas palabras de Jesús que huelen a despedida (eso de que se va al Padre) surge la más que evidente inquietud, incomprensión y tristeza entre los discípulos. Le dice Felipe: “Señor, muéstranos al Padre” (Jn 14, 8). Todos los hombres en alguna ocasión hemos tenido esta sensación de orfandad, de quedarnos abandonados, sentirnos impotentes… ante un mundo donde en ocasiones parece que no existiera nada más que oscuridad, en un mundo donde parece que no haya lugar para la esperanza, en un mundo donde nos ahogamos tan fácilmente en nuestras pobrezas, miserias y pequeñeces… En esos momentos entonces, ver la cara de Dios, cual se ve una foto del ser amado, es experimentar su consuelo, su ternura, su quietud…

La cara de Dios… ¿Dónde encontrarla? ¿Cómo descubrir el rostro de Dios a nuestro alrededor?¿Dónde buscar a Dios en esta realidad a veces tan sin futuro?  ¿Qué rastros tenemos de Él en el pequeño mundo en el que cada cual vive? No es una pregunta fácil, sin duda alguna. La petición de Felipe se las trae, sin que lo pretendiera.

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