Mipululu o el ulular vital

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “ulular” significa “dar gritos o alaridos”. Esta definición, aunque es técnicamente correcta, se me antoja un poco pobre, con todos los respetos a los señores que forman dicha institución. Lo digo porque le falta un matiz que le viene dado por los sentimientos. Mirad, en algunas culturas, entre ellas muchísimas africanas, las mujeres tienen la costumbre de ulular en momentos especiales, ya sean de dolor como un funeral, o de alegría, como en concreto hacen los tongas. Por ejemplo, en una boda, en la bienvenida a alguien, o cantando un himno de alabanza en una celebración.

Buscando en internet, he encontrado mejor descrito lo que yo quería expresar. “Ulular” es un sonido vocal agudo, largo, vacilante, parecido a un aullido o un gorjeo. Se produce por la emisión de una voz aguda acompañada con un movimiento rápido de lado a lado o hacia detrás y delante de la lengua de la boca. Añado yo, a veces se acompaña este sonido con una o las dos manos, algo similar a como cuando éramos niños y jugábamos a imitar a los indios.

El típico movimiento de la lengua de un lado para el otro cuando una mujer ulula.

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Menos palabras que empiecen por “bu”

Siempre he pensado que las misas que se celebran con niños, en concreto las homilías, y en general toda comunicación con los niños, son muchísimo más difíciles que las misas con los adultos. ¿Por qué? Porque su nivel de abstracción es muy reducido y hay que hacer un esfuerzo grande para adaptarse uno a su nivel de comprensión. Los adultos estamos habituados a utilizar muchas palabras abstractas que un niño, a menudo, no entiende. Necesita ejemplos concretos, imágenes, historias que expliquen o ilustren lo que se quiere decir. De lo contrario, los niños no se enterarán.Pero lo curioso de esto es que a menudo a los mayores nos pasa lo mismo: se nos quedan la imagen o el ejemplo concretos; y es lo que recordamos y lo que nos sirve para entender y vivir en el futuro. ¿Por qué? Porque al final, se trata de entroncar el Evangelio con la vida, o la vida con el Evangelio, como se quiera. Gran problema que tenemos en Occidente.

Ésta es la comunidad de Bulawayo Kraal. Del mismo modo que el “refugio” que utilizamos para celebrar la misa, que es muy sencillo, así es son os cristianos con los que comparto la misa.

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Los niños de teta y Pablo Ráez: mamar la solidaridad

Una de las escenas que más pueden sorprender a los occidentales cuando llegan a muchos puntos de África, es la siguiente: estábamos en misa y me fijé en una madre y su bebé recién nacido de unas semanas. A diferencia de España, en donde dar de mamar en público es casi un tabú (aunque, por otra parte, nadie critique ver mujeres en pose sensual o desnudas en la publicidad), aquí en África, al menos en las zonas rurales, es lo más natural. Teta a la demanda, y se acabó. El bebé tenía ganas de comer, la madre sacó el pecho, el niño comió, se quedó tranquilo y santas Pascuas. Nadie se hizo problema.

Que las madres den de mamar a su bebé en público es algo de lo más natural y que nadie cuestiona.

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El sentido de un viaje y el sentido de la vida

Hace poco fui por primera vez con mi compañero Kolwani a Chuunga, uno de los centros más alejados de la misión. Se tardan, en condiciones normales, unas cuatro horas en coche, no por porque haya muchos kilómetros -¿qué pueden ser, unos 150 como mucho?-, sino por el estado de la “carretera”.

Inicio del camino, cuando aún es bueno, que va a Chuunga. Un camino puede verse como símbolo del viaje que es la vida. Ahora bien, importa mucho dar un sentido a ese camino, a ese viaje que es la vida.

 

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En el barro de la vida, la comunidad

Ahora estamos en la estación de lluvias en Zimbabue. Hace unos días pasé el fin de semana en Nagangala sustituyendo a Kolwani, el cura local que se encarga de esa parte de la misión y que ahora está de vacaciones. Era domingo por la mañana y en el desayuno Preacher, uno de los jóvenes de Nagangala, y yo estuvimos hablando de si ir o no Kalonga, y finalmente decidimos ir hasta un punto con el coche y luego ir andando tres kilómetros.

El caso es que acabamos la misa en Nagangala y nos fuimos para Kalonga, junto a Tamani y Never, otros dos cristianos de esa zona. En el camino, por estas cosas que no sabe uno por qué o por qué no, al final nos arriesgamos a intentar llegar con el coche. Habíamos atravesado varias zonas con mucho barro, patinando el coche… pero lo habíamos logrado gracias al cuatro por cuatro del coche. Estábamos a menos de un kilómetro y ante nuestros ojos aparece otro tramo más de barro, aparentemente no peor que los anteriores, incluso más fácil de cruzar. Y para allá seguimos en nuestro intento de superar todas las dificultades del camino. Pero hete aquí que, o bien por ser uno principiante en esto de conducir por barro (aunque ya he visto yo que a mis compañeros veteranos les sigue pasando), o bien porque tenía que pasar, nos quedamos atascados.

Aquí veis a Preacher, sonriente, y a Never, de espaldas, intentando ayudar a servidor, dentro del coche. La foto la tomó Tamani.

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Las grietas por donde entra la luz

No sé si es porque soy occidental y es mi forma de ver las cosas, o porque a veces uno es demasiado negativo y/o egoísta y no ve más allá de sus narices, o porque simplemente es el corazón humano y funcionamos como funcionamos… pero el caso es que nos quejamos siempre de todos y de todo. Parece que el mundo nunca ha ido peor que ahora, que hay guerras por doquier, que la corrupción campa a sus anchas en muchos políticos, que hay más paro que nunca, que hay una lista de espera en la sanidad de más de un año, que los índices de pobreza aumentan cada día… Vamos que es mejor no vivir en este mundo porque es casi la antesala del apocalipsis.

Pues todo eso que en más de una ocasión pensamos, sobre todo cuando nos vamos haciendo mayores (esto es un mal síntoma, os lo digo), se puede encontrar en Zimbabue elevado a la enésima potencia. Un 90% de la población en paro, más o menos. La mayor parte de la gente come una vez al día, y siempre lo mismo. Los sueldos a funcionarios se van básicamente a la policía y al ejército. Aquí, sí que la corrupción ha hecho de su capa un sayo en las instituciones públicas; muy difícil encontrar alguna que esté limpia del todo. El hospital de Binga, donde yo vivo, y que es un hospital de distrito, a veces manda a los pacientes a por paracetamol a la misión porque no tienen en el hospital. En el 2010 fue el país con el índice de desarrollo más bajo del mundo. Se calcula que unos tres millones de personas, a ojímetro (porque lo de las cifras aquí…), han emigrado a otros países, porque aquí sí que el futuro es, no gris, sino negro, negro, negro.

En medio de la desesperanza está Raphael Denzel.

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El despertar de los sentidos

Hace dos semanas largas asistí por primera vez en Zimbabue a un entierro, en concreto, al de un compañero del IEME, Juanjo. Nada especial en lo que a la liturgia exequial se refiere: la celebración duró en torno a dos horas, cantando y bailando, como es lo habitual, y nos fuimos al cementerio. Es aquí donde experimenté algo que en España no me había sucedido, o al menos nunca con tanta fuerza.

Grupo de mujeres cantando y bailando durante el entierro.

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